Tengo que Pedirte un Favor Ahora Mismo

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Jorge Posada, Retired / New York Yankees - The Players' Tribune

Acabo de hablar por teléfono con mi papá.

Literalmente cinco minutos antes de sentarme a escribir esto.

Mi mamá y él estaban en camino desde su casa en el área de Río Piedras de San Juan hacia la casa de mi hermana, que queda justo en las afueras del pueblo de Guaynabo.

Toda la casa de mi hermana se inundó el miércoles durante la tormenta, y mis padres querían ayudar con la limpieza.

Todos están a salvo y bien, dentro de lo que cabe. Y yo me siento extremadamente afortunado ahora mismo porque todas las personas que conozco están BIEN. Pero mientras mi papá iba conduciendo a la casa de mi hermana, las cosas que estaba viendo y describiéndome por teléfono casi parecían ser inventadas.

Me dijo que adentro y alrededor de San Juan hay árboles, postes telefónicos y líneas eléctricas caídas en todos lados. Los postes de concreto simplemente se partieron por la mitad y estaban hechos pedazos a lo largo de las aceras. ¿Y esas enormes torres de acero que enlazan las líneas eléctricas? Esas cosas se derrumbaron dejando escombros por todos lados. Así que simplemente se derrumbaron y yacen allí, con todas las líneas rotas y esparcidas en todas las direcciones.

Me dijo que parecía como si una bomba gigante hubiese explotado.

Mis familiares me dijeron que nunca habían visto nada similar a lo que ocurrió cuando pasó María.

Mientras seguía manejando, mi papá me contó de los desvíos que tuvo que tomar porque una gran cantidad de calles estaban bloqueadas, o cubiertas de escombros, o de plano completamente inundadas.

Y cada cierto tiempo escuchaba un grito ahogado – a veces de él, otras veces de mi mamá. Y luego me contaba sobre algún edificio al que le faltaba la mitad de sus paredes. O de un automóvil que estaba completamente sumergido en el agua. O de algún otro nivel de destrucción que él nunca pensó tendría que experimentar en toda su vida.

Mi papá es un tipo fuerte. Pero me pude dar cuenta de lo impactado que estaba por todo lo que estaba viendo.

Después de un rato, es como si se hubiera quedado sin palabras para describir todo lo que estaba viendo. Así que ya para el final de la llamada, casi no habló.

Los dos habíamos visto las noticias, en las que los funcionarios del gobierno estimaron que no habrá electricidad en Puerto Rico por cuatro meses. Y en algún punto, mientras seguía conduciendo, la voz de mi papá se cortó justo cuando me estaba contando de los daños que había sufrido la casa de mi hermana. Pensé que quizás se había caído la llamada, que había perdido la conexión.

¿Aló? ¿Aló? ¿Me escuchas?

Entonces volví a escuchar su voz.

La llamada no se había caído. Él simplemente se había quedado en silencio por un momento. Luego volvió y dijo algo que no tenía ninguna relación con lo que había estado comentando antes.

“No hay manera de que tengamos electricidad de nuevo en cuatro meses. No va a pasar”.

Le dije que cuatro meses era bastante tiempo. “Es más tiempo de lo que piensas”, es lo que dije.

“No hay manera, hijo”

Y luego lo repitió varias veces más.

Estaba convencido que cuatro meses no sería suficiente tiempo para restaurar la electricidad.

“No para recuperarse de… esto”.

Tanto mi papá como mi hermana me dijeron que nunca habían visto nada similar a lo que ocurrió cuando pasó María.

Nada que siquiera se le acercara.

Mis padres tienen techo de zinc en parte de su casa. Y es un techo bastante resistente, bien hecho. Me dijo que, durante la tormenta, cuando los vientos realmente estaban golpeando, él y mi mamá escucharon unos fuertes chirridos y no sabían qué era. De repente, el techo salió volando por los aires como si fuera una hoja de papel. Como si no fuera nada.

Estuvieron todos estos techos de zinc volando por los aires en distintos momentos durante la noche.

Lo mismo le ocurrió a un grupo de casas vecinas. Simplemente estuvieron todos estos techos de zinc volando por los aires en distintos momentos durante la noche.

Ese vecindario donde viven mis papás, recientemente se había quedado sin electricidad cuando pasó Irma y luego, apenas unas semanas después, llega María. Ha sido una tras otra. Y todos están muy cansados ya.

En la casa de los padres de mi esposa, al otro lado de la isla, perdieron el techo de madera que cubría la sala, permitiendo que entrara el agua.

Casi todas las personas con las que he hablado ya han perdido un techo.

No saben qué hacer.

Y esas son solo las personas que yo conozco, con las que he podido comunicarme. Tengo muchos otros amigos – gente cercana a mí por muchos años – con los que no he podido hablar. Les sigo enviando mensajes de texto. Pero no creo que les estén llegando.

No estoy recibiendo respuestas. Es una situación muy difícil ahora mismo.

Estoy preocupado por mis amigos.

Mis padres y mi hermana están muy tristes por los daños que sufrieron sus casas, y la devastación que han presenciado estos últimos días. Ellos están preocupados por todas las personas que están teniendo dificultades para obtener lo que necesitan, y por el daño que ha sufrido una isla que todos amamos tanto. Honestamente, ha sido abrumador para ellos no saber cuánto tiempo pasará antes de que las cosas vuelvan a la normalidad.

Lo que han visto en los últimos días, esa devastación y todos esos daños, les afecta.

Mientras veía las noticias pasaban lugares que yo recordaba de mi infancia, y simplemente estaban siendo azotados. Sin piedad. Solo agua y viento por todos lados.

En comparación, para mi esposa Laura y para mí, fue más leve. Estuvimos en nuestro hogar en Miami viendo el azote de la tormenta por televisión.

Pero, ¿sabes qué? Esa fue una de las experiencias más agonizantes de toda mi vida.

Estuvimos pegados a ese televisor hasta muy tarde y luego, por supuesto, no pudimos dormir bien, así que nos levantamos temprano en la mañana para ver el noticiero matutino y el canal del clima de nuevo.

Nos sentimos tan impotentes.

En esa situación, simplemente te sientes…

Inútil.

Hubo muchas zonas de la isla que fueron muy golpeadas por esta tormenta, pero debido a que San Juan es la ciudad más grande de Puerto Rico, mucha de la atención mediática se concentró en la ciudad capital. Y eso empeoró las cosas para mí. Es un área que conozco bien, y cercana a donde crecí. Así que mientras veía las noticias, pasaban playas que yo recordaba de mi infancia, o restaurantes que visito cuando estoy de vuelta en casa… Y simplemente estaban siendo azotados. Sin piedad. Solo agua y viento por todos lados.

Y destrucción.

Todo me produjo un torbellino de emociones. Puerto Rico es mi hogar. Es una parte de lo que soy. Una gran parte.

Ni siquiera tengo palabras.

En un momento determinado, Laura dejó de ver el televisor, se quedó viendo el techo y luego hacia mí con esa mirada llena de propósito. Una mirada llena de determinación.

“Jorge, tenemos que hacer algo”.

Y lo repetía una y otra vez.

“Tenemos que hacer algo. ¿Qué podemos hacer? Tenemos que hacer algo ahora mismo. Esto es importante”.

Apenas unas pocas horas después ya habíamos iniciado el Fondo de Ayuda para Puerto Rico en youcaring.com para recaudar fondos para comprar y entregar suministros básicos a aquellas personas cuyas vidas han sido destruidas por este huracán.

Luego, apenas el sitio estuvo listo, abrí mi teléfono, fui a mi lista de contactos y comencé a enviar mensajes a todas las personas cuyos nombres empezaban con la letra A.

Le envié mensajes a cada contacto que tengo en ese teléfono, a cada uno, hasta la letra Z, pidiéndole a la gente que se uniera a nosotros para juntar dinero para ayudar a la gente de Puerto Rico.

Las cosas están difíciles allá en este momento. No voy a mentir.

La gente no tiene electricidad. No hay agua. Las casas en toda la isla están dañadas o completamente destruidas. Las cosas están mal.

Pero hay algo de lo que estoy completamente seguro: Lo vamos a superar.

Encontraremos una manera.

Tengo esa certeza.

La gente de Puerto Rico tiene corazones enormes, y sabemos lo que significa ayudarnos mutuamente en tiempos de necesidad, y luchar contra la adversidad. Es parte de nuestra cultura. Y es algo que yo viví allí una y otra vez cuando era niño.

Mi corazón me dice que vamos a encontrar una manera de salir de esto más fuertes que nunca. Y mi esposa y yo simplemente queremos ayudar de cualquier manera que podamos.

Así que me gustaría pedirte un favor.

Por favor, ve a la página de youcaring.com señalada abajo y ayúdanos a proveer esos suministros que tanto se necesitan a personas que realmente los requieren ahora mismo. Cualquier cantidad que puedas dar será muy apreciada, y si no puedes dar, tal vez puedas rezar por Puerto Rico en los próximos días, semanas y meses.

Nosotros nos aseguraremos de que la gente de Puerto Rico reciba los beneficios de cada dólar que se recoja, y estaremos ofreciendo actualizaciones de forma regular – a través de youcaring.com y de nuestras cuentas de redes sociales – para que puedas ver el impacto real que estás teniendo sobre las vidas de las personas al donar para esta causa.

Significaría mucho para mí si te unieras a nosotros en esta iniciativa.

Por favor, haz clic aquí para donar lo que puedas.

Gracias desde el fondo de mi corazón.

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